¿Necesitas una Media Naranja para ser Feliz?

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Todos hemos escuchado hablar alguna vez de la media naranja, de aquella persona que existe en algún lugar del mundo y que nos complementa a la perfección. Pero, ¿sabemos de dónde proviene esta expresión?

Los orígenes del mito de la media naranja se remontan Aristófanes, cuyas enseñanzas recoge Platón en su obra El Banquete. Según cuenta, en un principio, la raza humana era prácticamente perfecta, con una forma esférica como una naranja, una cabeza con dos caras opuestas, cuatro brazos y cuatro piernas, y dos órganos reproductivos. Había tres clases de esta especie: uno compuesto de hombre-hombre, otro de mujer-mujer, y un tercero hombre-mujer, también llamado andrógino.

Según cuenta la leyenda, estos seres llegaron a compararse con los mismísimos dioses y trataron de invadir el Monte Olimpo. Ante semejante osadía, Zeus les castigó lanzándoles un rayo que partió por la mitad a cada uno de ellos. Desde entonces, cada ser anduvo haciendo esfuerzos por encontrar a su otra mitad de la que fue separada para poder recuperar su plenitud y, cuando se encontraban al fin, se abrazaban y se unían con tal deseo que perecían de inanición por no querer hacer nada la una sin la otra.

Si quieres ir más allá y descubrir cuáles son las creencias que se esconden detrás de esta historia, te propongo que continúes leyendo a ver qué opinas tú.

Mi punto de partida es que el conocimiento se nos ha ido transmitiendo en mitos y fábulas que tienen un sentido más profundo que el simple entretenimiento. En cada uno de ellos, hay una expresión de una situación humana que, si somos capaces de ver, tiene una aplicación en nuestro día a día. Así, representan anhelos que vivimos todos, aunque en este momento creamos que nuestra sociedad ha cambiado mucho y eso ya no nos sirve.

Esta interesante historia refleja lo que yo creo que está a la base de la pregunta con la que empiezo el artículo, la búsqueda de ese ser que me hace sentirme completo. Sin embargo, te propongo otra lectura para que reflexiones.

Vivimos hoy en día una profunda separación entre lo que consideramos femenino y lo masculino. Atribuimos esas características a todo lo que hacemos y, si algo de esto no encaja en ese perfil, nos sentimos mal por ello o se juzga como inadecuado

¿Y si lo que en la historia se narra como la separación en dos de un ser humano perfecto, reflejara que cada uno de nosotros tenemos esa parte masculina y femenina que nos hace sentirnos completos?

Quizá esta nueva visión reorganiza nuestra búsqueda de esa media naranja, pasando de buscar una pareja que me complete a buscar en mí misma las dos partes, masculina y femenina, que son naturales en mí. Sólo desde esa perspectiva de ser una persona completa puedo compartir mi totalidad con otra persona que también se sienta completa.

Todo esto nos lleva a cuestionarnos la necesidad de tener una pareja para alcanzar la felicidad y concluir que es nuestro trabajo interior el que nos va a permitir disfrutar de la vida en pareja, sin poner en el otro la expectativa de “llenar” ese vacío que sentimos.

Este trabajo interior al que me refiero pasa por descubrir, asumir y potenciar que las cualidades que se han considerado tradicionalmente como masculinas (racionalidad) o femeninas (empatía e intuición), se encuentran en cada uno de nosotros.

De hecho, tal y como se comenta al final de la leyenda, las ansias de cada ser por reunirse con la parte complementaria que le faltaba para la plenitud, hace que, una vez encontrada, se centren tanto en permanecer junto a ella que desatiendan todo el resto de necesidades hasta llegar a la muerte. Si, en lugar de haber vivido la separación como un castigo, la hubieran interpretado como un reto para encontrar en sí mismo esa otra parte, toda la historia hubiera sido diferente.

Si crees que todo esto no son más que cuentos, y que no tiene nada que ver contigo, aquí te pongo un ejemplo para que te plantees si verdaderamente es o no es así. ¿Cuántas veces, ante una ruptura de pareja, te has visto, o has visto a alguna conocida, perder por completo el sentido de su vida, hasta el punto de no verse capaz de volver a ser feliz? Éste es precisamente el mensaje que transmite la leyenda, y que se ha mantenido hasta hoy en nuestras creencias bajo la forma de “Dependencia Emocional”.

Una cita de John Lennon que me gusta particularmente para ilustrar esta idea es la siguiente:

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.

No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

En el amor no espero que la otra persona haga… o diga… o se ocupe de mí…, sino que observo y respeto quién es y cómo es el otro, dándole mi mejor versión, de forma resumida, AMÁNDOLO.

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